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Punto Blanco: Hay futuro en los calcetines

Artículo de: Expansión.com


En la fábrica de Punto Blanco, llega la materia prima (el mejor hilo procede de Escocia, Egipto y Australia), se cose automática y en algún caso manualmente, se tiñe, se controla su calidad y salen los calcetines ya preparados hasta enviarlos al almacén en las afueras de la ciudad. El 90% se destina al mercado español, una cifra que pretende reducirse en los próximos años debido al crecimiento de las exportaciones.

En Punto Blanco, se pueden elaborar hasta un millón de pares de calcetines al año. Hay hasta 28.000 variedades distintas y el objetivo es lograr que en los calcetines no salgan agujeros con facilidad. Las máquinas italianas –por cierto, ¿por qué es tan difícil que haya bienes de equipo hechos en España? Es nuestra tragedia industrial– permiten que un calcetín se cosa entre cuatro y cinco minutos.

Punto Blanco no es una empresa grande. Fundada en 1948, factura 22 millones, de los que 15 son en calcetines y el resto en ropa interior y pijamas, que sí se importan del extranjero. Sus 300 empleados se unen a otros 700 que componen la Corporación Valls, uno de los grupos empresariales más desconocidos del país, controlado por la familia de este apellido, y con intereses en el sectores tan diversos como la moda y las artes gráficas. No hacen ruido y no les gusta aparecer en ningún lugar. Para ellos, la responsabilidad social consiste en mantener el empleo, aunque caigan chuzos de punta, y pensar en crecer.

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