Entorno del Retail

Revolución horaria con “seny”

reloj

Quizás la peculiar manera catalana de nombrar las horas, siempre mirando hacia adelante, es un buen augurio. Con paso firme y propuestas concretas ha echado a andar la Iniciativa per a la Reforma Horària, un grupo transversal de profesionales catalanes de toda índole e ideología (profesores, sociólogos, psicólogos, filósofos, políticos, economistas) que quieren conseguir en tres años que Catalunya europeice sus horarios. O sea, que se salga antes de trabajar para ganar en productividad, calidad de vida, formación cultural, cuidado de los hijos y de los demás, para evitar el fracaso escolar, tener más salud y mejorar la calidad de la democracia. Entre otras muchas cosas.

Puede sonar a idealista, pero los beneficios que se enumeran al defender un horario laboral más compacto -principalmente sin el parón del mediodía- están ya muy estudiados. El problema es que no se ha saltado de la teoría a la práctica porque esto requiere un cambio en la concepción cultural del tiempo, en las formas de vivir. Por ello, la plataforma está hablando con todos los agentes sociales y económicos, con el Govern y el Parlament, porque sin una implicación general este salto no es posible, y aquí se halla la gran dificultad. Y si no que se lo pregunten a Ignasi Buqueras, que hace diez años batalla por ello desde Madrid.

La iniciativa catalana se ha puesto calendario y hace unos días se presentó en sociedad. Los impulsores sostienen que los cambios sociales, económicos y culturales de los últimos años han puesto sobre la mesa la necesidad de abordar el problema del tiempo, de la “asincronía entre sus diferentes usos y los horarios”, con una estrategia que vaya más allá de las medidas de conciliación de la vida familiar y laboral. La perspectiva de género es básica porque la estructura socioeconómica actual penaliza a la mujer, pero también se quiere subrayar que una mejor organización del tiempo incidiría positivamente en otros aspectos : el económico (mayor productividad, nuevos nichos de negocio), el social, el ocio o la salud.

España es el país en el que se trabaja hasta más tarda y en el que los comercios tienen las puertas abiertas más horas.

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Los impulsores señalan que los estudios realizados han demostrado que el aumento de la flexibilidad laboral mejora la satisfacción y la productividad de los que trabajan, pero se estima que esta sea una medida insuficiente para realizar un cambio de calado. Se considera imprescindible tomar decisiones macros, con los cambios legales que sean necesarios, que afecten a la organización general de calendarios y horarios en la vida cotidiana.

El primer gran reto, explica Mohedano, es acabar con la cultura del presencialismo en las empresas. Para ello, se está hablando con empresarios y sindicatos para que se incluya en los convenios y para realizar una labor pedagógica. Las conversaciones están dando resultados, las grandes corporaciones ya lo hacen y el problema es entrar en el tejido de la pequeña empresa.

Hay que acercarse, según estos expertos, al almuerzo de 45 minutos, evitar así el largo paréntesis del mediodía (herencia del pluriempleo durante el desarrollismo franquista) y situar la una de la tarde como hora idónea para la comida, y las ocho para la cena. No porque tenga que ser exactamente a la una o a las ocho, sino para tener una pauta. También se aboga por adelantar el cierre de los comercios, que sería “natural” si se reajustasen las costumbres horarias.

Como ha propuesto Buqueras en otras ocasiones, es imprescindible modificar los horarios televisivos: los informativos, el prime time, y los partidos de fútbol (el Barça-Levante de la Copa, con el estadio vacío a las 10 de la noche dio que hablar). En cambio, se apuesta por mantener la organización escolar, con una salida sobre las 17 horas para acompasar el ritmo laboral de los padres con el de los hijos. Una de las grandes causas del fracaso escolar, según analiza Cardús, es este desajuste entre el ritmo de los padres y de los hijos, la imposibilidad de los primeros de estar en casa para acompañarles en la vida. Este desajuste también empobrece, se señala, el nivel cultural por las dificultades de leer un libro, ir al teatro o al cine. Y la democracia, porque dificulta la participación en el tejido asociativo.

Los promotores han hablado con el conseller Homs, con las organizaciones empresariales, sindicales, comerciales, con los partidos políticos para empezar a actuar. Y consideran que el actual momento de cuestionamiento de todo -las relaciones con el resto de España, de la política, de los poderes económicos- propician un buen “momento cero” para impulsar un cambio real en Catalunya. Es una europeización de los horarios y se dan tres años. Si no lo logran, no se alargarán.

¿Cómo vivirá el mundo del retail un cambio que afectará de tal manera todas las esferas de nuestra vida?

Fuente: La Vanguardia

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